El 8 de mayo Madrid se paralizó durante unas horas por un escape de gas que podría haber sido fatal.
En pleno centro de Madrid, en la zona de Alcalá, Plaza de Cibeles y Puerta del Sol, zona que no sólo transitan muchos madrileños y que tiene muchas oficinas, sino que es parada obligada para los turistas que visitan la ciudad, se podía oler el peligro: Gas.
Ese gas que puede hacer saltar por los aires no sólo a sueños e ilusiones, sino a personas, material y parte de una ciudad.
Todo empezó en una obra de un parking subterráneo, cuando una excavadora chocó contra una tubería de gas de gran envergadura.
Policía y bomberos pasaron a la acción, los comercios de la zona se cerraron y, por seguridad, se desalojaron los edificios colindantes. Un cordón de seguridad mantenía la zona despejada durante casi dos horas y el metro de Madrid, en su línea 2, entre Retiro y Ópera, suspendió el servicio durante una hora.
Menos mal que no hubo que lamentar pérdidas, pero el susto no se lo quitaron a muchos madrileños y turistas que llegaron a temer por sus vidas.
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