La tarde del domingo 24 de junio se incendió una casa en Aldea Moret, Cáceres. El incendio empezó en un tercer piso de un edificio de cinco plantas, por una sartén, en la cocina.
Muchas veces comentamos la importancia de un detector de humos y un extintor en cualquier domicilio. No se trata de un intento de vender un producto, sino de dar una garantía, una seguridad, de algo que, lamentablemente, se repite y puede generar consecuencias desastrosas.
El humo inundó toda la escalera. No se podía respirar ni ver. Un vecino fue capaz de mantener la sangre fría e ir a las escaleras del edificio, a coger un extintor y lo usó para apagar el fuego de la sartén con aceite en llamas.
Uno de los vecinos notó que su gato actuaba de forma extraña, antes de darse cuenta de la situación. Los animales de compañía suelen notar el olor a humo antes que nadie.
La respuesta rápida es la que diferencia un conato de incendio que se queda en un pequeño susto y un gran desastre, con pérdidas irreparables, no sólo a nivel cuantificable económicamente.
Esta vez se trataron en el hospital a varias personas por intoxicación por inhalación de humo, pero no ha habido que lamentar pérdidas humanas. Eso sí, la vivienda afectada por el incendio, no está en condiciones de ser habitada.
Los bomberos del Sepei que fueron a apagar el incendio, se encontraron al matrimonio junto a su hijo menor de edad, dentro de una habitación de la casa en donde se originó el mismo.
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